La estética puede ser considerada como un instrumento educativo, para satisfacer y dar plenitud y sentido al proceso educativo mismo, al desarrollo de la creatividad y afectividad.
La estética en la educación permite al aprendiente estar en movimiento, a la expectativa, es salir de la parálisis de educación newtoniana. La estética es el modo de facilitar e interactuar con un conocimiento que genere deseo, experimentación y sentir en el proceso.
Cuando se educa libremente surge el atractivo de la estética, como forma y no necesariamente ese atractivo significa belleza, pero si es natural, una apertura de la realidad, es donde las personas se encuentran con objetos de su agrado.
Por medio de la estética, el aprender se vuelve dinámico, ante la capacidad de asombro de sí mismo y del contexto.
La estética nos libera de lo que tenemos y sabemos, nos permite descubrir algo (objeto) que nos genera emoción, que sorprende. Es algo que vemos fuera de nosotros y que nos pertenece desde el momento que interactuamos con él, una vez que vemos eso que está en el exterior genera un valor para nosotros, generando nuestra propia libertad en la cognición.
La estética, por lo tanto, es la forma en la que estructuramos nuestro cosmos a partir de un sistema de creencias. Son estéticas diferentes para vivir un mundo.
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